noviembre 21, 2019

SUPERA


Deja ir a la gente que no está lista.
No es una actitud de soberbia ni de orgullo, sino de congruencia: seguirás amándolos pero con otra perspectiva, desde otro nivel de comprensión, entendimiento y consciencia.
Es tal vez la cosa más difícil que tendrás que hacer en tu vida, y también será con certeza una de las más importantes: dejar de estar vinculado con aquellos que no están listos para ti.

Deja de tener conversaciones difíciles con gente que no quiere cambiar.
Deja de estar para la gente que es indiferente a tu presencia.
Deja de dar tu amor y energía a la gente que no está lista para amarte.

Tu instinto es hacer todo lo que puedas para ganarte las buenas gracias de todos los que puedas, pero también es el impulso que te robará tu tiempo, tu energía y tu cordura. Apártate de las personas que no están preparadas para tenerte en sus vidas.
Si eres excluido, insultado sutilmente, olvidado o fácilmente ignorado por las personas con las que pasas la mayor parte del tiempo, no te estás haciendo un favor al continuar ofreciéndoles tu energía y tu vida. La verdad es que no eres para todos, y no todos son para ti. Eso es lo que lo hace tan especial: cuando encuentres a las pocas personas con las que logres realmente una amistad, un amor, una relación genuina... sabrás lo precioso que esto es porque habrás experimentado ya lo que no es.
Pero mientras más tiempo pasas tratando de forzar a alguien a amarte o simplemente valorarte cuando no está listo, cuando no es su tiempo, cuando no es capaz... más tiempo te estarás privando a ti mismo de lograr esa especial conexión con quien sí está listo, sí está en su tiempo y sí es capaz. Te está esperando. Hay miles de millones de personas en este planeta, y muchas de ellas se van a encontrar contigo a tu nivel, con la vibración en la que estás.
Tal vez si dejas de aparecer, serás menos querido.
Tal vez te olviden por completo.
Tal vez si dejas de intentarlo, la relación cesará.
Tal vez si dejas de llamar y enviar mensajes, tu teléfono permanecerá en silencio durante días y semanas.
Tal vez si dejas de 'amar' a alguien, la relación entre ustedes se disolverá.
Eso no significa que hayas arruinado una relación. Significa que lo único que sostenía esa relación era la energía que tú y sólo tú ponías en ella. Eso no es amor genuino. Eso es apego burdo.

La cosa más preciada e importante que tienes en tu vida es tu energía. Lo que tú das a cada día es lo que creará más y más en tu vida. A lo que le das tu tiempo, es lo que definirá tu existencia.
Cuando te des cuenta de esto, empezarás a entender por qué estás tan ansioso cuando pasas tu tiempo con gente que no te aporta, y en trabajos, lugares o ciudades que no te convienen.

Haz de tu vida un refugio seguro en el que sólo permitas a las personas que lo valgan y para las cuales valgas.
Tú no eres responsable de salvar a la gente.
Tú no eres responsable de convencerlos de que quieren ser salvados.
Decide que mereces una amistad real, un compromiso verdadero y un amor completo con las personas que realmente lo valen, para las que realmente vales.

Así que no te asustes, permite el silencio... Y mira lo rápido que todo comienza a cambiar.
SUPERA.

Tomado de la página El Mundo del yoga.


octubre 18, 2019

COSECHA


Las mujeres de la casa
desenvainan el frijol
que ha nacido al pie de los elotes
que se convertirán en atol.
Los animales acompañan
con una gran devoción
y celebran a la tierra
que nos ha dado
sus frutos de amor.
El labriego que es el dueño
de las tardes con color,
vendrá ya caminando
pensando en las delicias
que se guisan en su fogón.
Agradecidos todos con la tierra,
las cosechas, el agua y el sol,
se disfruta en esta casa
una rica sopita de frijol. 




©2019. Mayela Bou.

septiembre 15, 2019

KM 53


KM 53

Entre todos los caminos preciosos que la poesía me ha dado, el poder transformar el dolor en letras ha sido mi mayor regalo. Hoy despido mi kilómetro 52 con el enorme vacío que deja la partida de una amiga, he aprendido que lo único seguro en esta vida es la muerte.
Me despido de un año que aún con sus dolores y tristezas me ha regalado momentos maravillosos, la compañía amorosa de mi familia, el abrazo sincero de mis amigos a quienes cuido como el mejor de mis tesoros, en mi lista personal de deseos tengo pueblos y ciudades nuevas que este año conquisté, y vibra en mí, el enorme deseo de seguir caminando al borde de mi mundo, conquistado mochila al hombro aquellas tierras lejanas por las que quizás alguna vez ya pasé. Me despido agradecida de un kilómetro más, y recibo mi nuevo año con paz y tranquilidad, descansando y con la seguridad de saber que de tanto perder aprendí a ganar. 

El valor y la fuerza de los 53
Años vibrantes,
sin importar
donde se deja
descansar el corazón,
la vida suspendida
en hilos de luz
tejiendo amores
que abriguen el alma.
Septiembre siempre llega
con la certeza del amor,
y por agreste que este sea,
llega a tiempo con la lluvia
para reunir fragmentos
y devolverme
el valor y la fuerza
para celebrar la vida.

©2019. Mayela Bou.




septiembre 01, 2019

Patricia Méndez Abularach



Nuestra última copa de vino fue aquella tarde del 16 de agosto, adelantando nuestros cumpleaños brindamos por la vida, "Feliz cumpleaños bicha" _me dijiste. Nuestros corazones sabían que ese brindis anunciaba la despedida. Era invierno y en el jardín reverdecido de tu casa esa tarde nos llovieron los recuerdo de la infancia, nos reímos, ambas cruzábamos nuestras miradas sabiendo que era la última vez que nos veríamos, cada minuto era un tesoro. Sin embargo, en aquel abrazo tan profundo y nuestro, ya en la puerta para despedirnos, hicimos cita para una próxima vez, yo iría a España a verte, o tú volverías a San Salvador a nuestra cita.
Ahora no sé adónde será, pero tú y yo nos volveremos a reencontrar, para reírnos de aquel primer encuentro en las filas del colegio, de la Coca Cola que compartimos juntando nuestros centavitos, de los Chévere con una uva tropical en el Hula Hula y de las carreras huyendo de la madre Changüita.
Buen viaje Paty querida, que tus padres te reciban con amor infinito y Dios te lleve a su eterna morada.
Te quiero bicha!

Y así fue como nos despedimos.






febrero 13, 2019

SU MANADA


Su Manada.
Ellos se despliegan
por toda la casa
con cierta mansedumbre
que les transmite un preludio de
Johann Sebastian Bach.
Con la hermosura de la juventud,
y el aura brillante en la silueta
de una morfología perfecta.
En su mirada se vislumbran
las añoranzas de las estepas
donde caminaban libremente
siendo dueños del cielo y la tierra,
de las montañas que un día
los escucharon aullar.
Extremidades largas, ágiles y veloces,
como gacelas libres, juguetonas al viento,
amos de su libertad,
mi corazón se estremece al verlos jugar.
Fieles y prodigiosos
comiendo de la mano mansa,
que alimenta y acaricia
con fragilidad y confianza.
Nuestros perros, quienes han hecho
de esta casa su refugio 
y de nosotros su manada.


©2019. Mayela Bou.



diciembre 27, 2018

EL NACIMIENTO DE JESÚS (KHALIL GIBRAN)



ANA, MADRE DE MARÍA
Tomado del libro,
“Jesús El Hijo del Hombre”
de Khalil Gibran


El nacimiento de Jesús
Mi nieto nació aquí, en Nazareth, en el mes de enero. La noche del nacimiento de Jesús unos hombres que venían de Levante nos visitaron. Se trataba de unos extranjeros que habían llegado de Asdrolón con las caravanas que mercan con Egipto. Nos solicitaron hospitalidad en nuestro hogar, pues en el albergue no encontraban lugar para pasar la noche. Les di la bienvenida y les informé:
-Mi hija acaba de dar a luz un varón; vosotros, sin lugar a dudas, me disculparéis si no os hago las cumplimentaciones que merece vuestra permanencia aquí.
Me agradecieron el haberles dado hospedaje, y, luego de cenar me dijeron:
-Es nuestro deseo conocer al recién nacido.
El hijo de María era un bebé muy hermoso; ella misma era muy bella y atrayente. Ni bien los extranjeros vieron a María y a mi nieto, extrajeron de sus bolsas oro y plata y lo dejaron a los pies del niño. Luego le ofrendaron incienso y mirra y prosternándose, más tarde oraron en un idioma que no comprendimos.
En el momento de conducirlos al aposento que había preparado para que reposaran, penetraron en el mismo con un aire de recogimiento, como maravillados por lo que acababan de ver. Cuando salió el sol se marcharon para continuar su camino hacia Egipto; más antes de partir me dijeron:
-A pesar de tener su nieto un día de edad hemos podido ver en su mirada la luz del Dios que adoramos, y hemos visto también Su sonrisa a flor de labios. Por eso, le rogamos que cuide de Él como para que Él la cuide después.
Y luego de decir esto, montaron en sus dromedarios y nunca más los hemos vuelto a ver.
En lo que respecta a María su felicidad no era, con todo, tan grande como su asombro y admiración ante su vástago. Detenía la mirada largamente sobre su rostro, y después la perdía en el horizonte, a través de la ventana, absorta como si estuviera contemplando una revelación del cielo.
El niño fue creciendo en edad y en espíritu, y se mostraba absolutamente distinto de sus compañeros de juegos, pues buscaba la soledad y no permitía que se le mandara, y nunca pude poner mis manos sobre él.
Y era muy amado por todos los habitantes de Nazareth. Luego de unos años supe el porqué y el motivo de ese cariño y apoyo. Varias veces se llevaba la comida y la regalaba a los extranjeros que pasaban, y si yo alguna vez le daba un trozo de golosina, lo ofrecía a sus compañeros sin comer de él ni siquiera un trozo.
Trepaba a los árboles frutales de nuestra huerta y le llevaba los frutos a los que no tenían en la suya. Y varias veces le he visto jugar carreras con los chicos de la aldea; cuando se daba cuenta que alguno se le había adelantado, disminuía, a propósito, la velocidad de su marcha para que pudieran ganar sus contendientes. Y cuando lo conducía por la noche a su cama para que descansara acostumbraba decir:
-Dile a mi madre y a las otras que únicamente mi cuerpo descansa, pero mi espíritu las acompaña hasta que el de ellas se asome a mi Alba.
Y muchas otras cosas más, como por ejemplo esa hermosa parábola que me contaba cuando aún era un pequeño, pero que ahora, en mi vejez, la memoria me impide acordarme con fidelidad de ella.
Hoy me han dicho que no volveré a verlo nunca, mas… ¿cómo podré creerles? Si ahora mismo sigo oyendo su risa y el eco de sus pisadas todavía resuena en el patio de nuestra casa, y si beso el rostro de mi hija percibo aún el aroma de sus besos derretirse sobre mi alma; como también siento su hermoso cuerpo flotar estrechado contra mi pecho. Mas, ¿no es cierto que es extraño que María no haya hablado nunca más de su hijo cuando yo estaba presente? Varias veces creí sentir que ella misma tenía necesidad de verlo, pero como una estatua de metal, de esa manera se inmovilizaba ella meditando ante la luz diurna, de tal forma que mi alma se derretía y corría por mi pecho como si fuera un río.
Pero, quién sabe; quizás ella sepa más que yo; y ruego al cielo que me cuente todo lo que sabe del misterio que no alcanzo a descubrir.

septiembre 15, 2018

Kilómetro 52






¡Bienvenido seas Kilómetro 52!


Un reloj camina despacio

hacia mi atardecer.

Un latido provoca la vida

que aún me sostiene de pie

en este cuerpo que habito.

Mi alma se llena de júbilo

por algunas pequeñas suertes

en batallas conquistadas,

esas que se han quedado atrás,

pero que marcan con agudo

sentido mi destino.

Las que me llevan a transitar

en esta senda, un kilómetro más.

En mi ligero equipaje:

las esperanzas, las cicatrices,

un pedazo de mapa y una ganas

locas de desafiar la vida.

¡Bienvenido seas Kilómetro 52!

© 2018. Mayela Bou