julio 08, 2016

Convirtiéndote en nada.

Yo, yo me quede hasta el final,
como las valientes,
sin nada,
sin esperanzas,
me sobraron caricias y
palabras de amor.
Tú, tú te fuiste, sin final,
de manera cobarde,
llevándote todo,
y convirtiéndote
en nada.
 

© 2016. Mayela Bou

febrero 15, 2016

Johnnie Walker



–Buenas noches señora mía, ¿me permite el obsequio de su compañía?
–Buenas noches caballero, ¿tiene nombre el señor del sombrero?
–Johnnie. Caminante. Dócil, hoy a sus pies.

Bajó ella la mirada y acarició el filo del vaso con la yema de su dedo mayor, sonrió con delicadeza al ver el maravilloso color ámbar de Johnnie, sin duda añejo, profundo, de carácter, agua de vida.  Sentada en el bar decidió entablar conversación con el caminante desconocido.

–A ver caminante, dime cuál ha sido tu punto de salida y qué haces en este bar en mis horas de tristezas y melancolías.
–Camino desde Escocia sin rumbo ni destino, me trajo el mar, me movió el viento, se abrieron en tierra muchos caminos, y ahora estoy aquí para darte una noche en la que tú eliges, alegrías, tristezas o melancolías.
– ¿Y cómo acabo con las tristezas antes de aceptar tus alegrías?  
–Sencillo señora mía, las matamos en las rocas o si usted prefiere,  las ahogamos con Ginger ale.
–¿Ginger ale es una chica?
–Sí. Una inglesa cortesana y dulce,  que tiene por experiencia las caricias frescas del alma.
–Muy bien caminante, trabajemos primero en las rocas, y déjeme recibir a la dama con las penas acabadas.

Y así transcurrió la noche… de roca en roca, de llanto en llanto. Johnnie acarició suavemente los  labios de la mujer,  una y otra vez, dejando en ella la huella del roble blanco donde reposaron un día, cebada, trigo, centeno y maíz. Cuando la chica llegó, ya no había penas que ahogar.
Dulcemente preguntó:

–¿Qué celebran la bella dama y el caballero de sombrero ?

Éste se adelanto y dijo:

–Hemos soltado las nostalgias, tristezas y melancolías, despeñadero tras despeñadero, así se fueron acabando. La señora ya no llora, ahora sonríe y baila con los pies descalzos, el cabello suelto y la mirada amplia.

Ginger ale se acercó a la dama, se abandonó en sus manos y cuando le rozó por primera vez la garganta ella sintió la caricia en el alma.

–Buenas noches– dijo una voz suave, fresca y melodiosa.
–Buenas noches tenga usted– Obtuvo por respuesta.

Ambas sabían que presentarse estaba de más, ese ya no era su lugar.
Ella sonrió dirigiendo la mirada  a Johnnie y después a Ginger ale. Caminó lentamente al bar, para agradecer al caballero de sombrero lo amable de su compañía.

–Me marcho Johnnie, con ella me marcho. La llevo a mi refugio donde reposa el alma, donde una por amor se juega la vida.  Gracias por la complicidad de ahogar mis penas, de soltar las nostalgias, de extinguir las tristezas.
–Buenas noches señora mía, que disfrute de la compañía. No dude en preguntar por mí en cualquier bar de la ciudad, yo la espero siempre que usted quiera venir. Pregunte por el caminante, el caballero de sombrero.

Me llaman:

Johnnie, Johnnie Walker.


© 2016. Mayela Bou


enero 19, 2016

EL VINO


EL VINO
"Sí señor... el vino puede sacar
cosas que el hombre se calla;
que deberían salir
cuando el hombre bebe agua.

Va buscando, pecho adentro,
por los silencios del alma
y les va poniendo voces
y los va haciendo palabras.

A veces saca una pena,
que por ser pena, es amarga;
sobre su palco de fuego,
la pone a bailar descalza.

Baila y bailando se crece,
hasta que el vino se acaba
y entonces, vuelve la pena
a ser silencio del alma.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Cosas que queman por dentro,
cosas que pudren el alma
de los que bajan los ojos,
de los que esconden la cara.

El vino entonces, libera
la valentía encerrada
y los disfraza de machos,
como por arte de magia...

Y entonces, son bravucones,
hasta que el vino se acaba
pues del matón al cobarde,
solo media, la resaca.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Cambia el prisma de las cosas
cuando más les hace falta
a los que llevan sus culpas
como una cruz a la espalda.

La puta se piensa pura,
como cuando era muchacha
y el cornudo regatea
la medida de sus astas.

Y todo tiene colores
de castidad, simulada,
pues siempre acaban el vino
los dos, en la misma cama.

El vino puede sacar
cosas que el hombre se calla.

Pero... ¡qué lindo es el vino!.
El que se bebe en la casa
del que está limpío por dentro
y tiene brillando el alma.

Que nunca le tiembla el pulso,
cuando pulsa una guitarra.
Que no le falta un amigo
ni noches para gastarlas.

Que cuando tiene un pecado,
siempre se nota en su cara...
Que bebe el vino por vino
y bebe el agua, por agua."

Alberto Cortez

octubre 01, 2015

Aquí está mi mundo.



Cuando su mundo se derrumbe, recuerde que tiene el mío.

Quizás yo no tenga lo suficiente para ofrecerle, pues le recuerdo que no hace mucho pasé una hecatombe. Si usted me dice que vendrá yo limpio los escombros, y prepararé con delicado amor un pedacito adonde podamos compartir lo poco que nos ha quedado. Le ofrezco mis cuatro estaciones, inviernos afanosos y etéreos, y aunque llueva mucho, ninguna tormenta nos estremecerá. Aun quedan incontables abrazos por gastar. Le ofrezco una primavera llena de alegrías, llenar sus ojos de colores tiernos, regalarle el bálsamo de los campos en flor y cielos llenitos de estrellas. Nostalgias de otoño llevo muchas ya guardadas, pero si usted me ayuda las podemos desempolvar y quizás dejar que el viento se las lleve convertidas en mariposas, déjeme que le muestre cómo ésta estación se aferro a mi corazón. Voy abrir las ventanas y a correr las cortinas para que nuestros veranos sean mágicos e interminables, colmaré este espacio de días largos para que nunca nos falte tiempo de tomarnos de la mano.
Tengo una luna para usted, ¿sabe? por ahí dicen que soy mágica, tendremos noches en las que se la voy a desaparecer, pero le dejaré  el cielo y sus estrellas. Le doy mi palabra que no habrá ni un día sin sol, aun cuando las nubes lo escondan, él estará ahí y  yo estaré con usted para recordar le su calidez. Me quedan letras aun, puedo ofrecerle mis versos, y la fantasía de escribirlos sobre su cuerpo. Y como regalo secreto, prometo llevarle a la orilla del mar y ahí fundirnos en un largo beso de amor que le haga sentir que vale la pena entrar en este mundo.  Mientras ordeno para usted, por favor siéntese alrededor de mi fogata,  preparare la luna y mi acto de magia, hoy  le regalare una noche que ni usted ni yo podremos olvidar...     

Cuando su mundo se derrumbe, recuerde que tiene el mío.


© 2015. Mayela Bou

septiembre 15, 2015

¡Kilómetro 49!

Cada cumpleaños tiene lo suyo, pero tenemos años o kilómetros, como les llamo yo, que son sumamente especiales. Este día arribo a mi kilómetro 49, la antesala que me  prepara para la llegada de una nueva década en mi vida, por lo tanto he decidido vivir con mágica intensidad la despedida de mis 40´s, mi último año de cuarentona.
En los 40´s aprendí a soltar todo aquello que me causó dolor, enojo y sufrimiento, y lo mejor de todo, soltar sin culpa alguna. Me  aferré  a mi verdad, a mi  esencia y poco a poco llegó la tranquilidad del alma, con esa sensación de  gotas de roció que bañan amorosamente mis áridas tierras.
Despedirme del km 48 ha sido hermoso, éste sin más ni menos se caracterizó por ser el año de las cicatrices, las del cuerpo y las del alma. Con ellas ahora cerradas, puedo ver hacia adelante un futuro más claro y un trayecto trazado a base de equivocaciones, pero que ahora sin duda me llevan a ese lugar donde persigo estar.
Soy una mujer de versos y pasiones, de música,  fiestas y sangre ardiente, de convicciones conquistadas, y mágicos amores. Una mujer que ama la sencillez de lo cotidiano, las lluvias de septiembre, las lunas y estrellas de mi universo, y los amigos que nutren mi corazón. Soy una mujer ahora capaz de abrazar a su niña, sin miedo a reproches, ella y yo ahora en perfecta comunión de complicidad y ternura. Soy la mujer amante de interminables  noches de lectura,  de carcajadas libres,  de palabras sueltas, y con la práctica de saber regalar una buena puteada sin perder la elegancia. Los 40´s,  son los que me hicieron realmente la mujer que ahora soy y seré el resto de mi caminar.
Abrazo este nuevo año de vida que comienza, busco mi centro y hago una reverencia a las primaveras e inviernos que ya se han ido. Pido al universo me permita acabar lo inacabado, llegar al lugar deseado, abrir las puertas de lo antes cerrado,  caminar de la mano con mis sueños, disfrutar cada minuto con mis seres amados, y tener la valentía de tomar la vida cada día. Pido al destino me ayude a construir lo anhelado, a fortalecer lo  acabado, a darle al mundo lo mejor de mí.

Pido a las musas me revelen mágicas letras y guarden sus secretos en mi pluma, que sean ellas quienes me dejen respirar el aroma de las flores etéreas, saborear la alegría de la juventud eterna, y poseer un halo de misterio en el arte para poder ver con los ojos del alma.
Pido al universo un año más, y recorrer un nuevo kilómetro de vida. Prometo cuidarlo con alegrías, flores, sueños, tertulias, copas de vino,  trabajo y amigos, familia y amor del bueno. Prometo vivir un día a la vez.


Bienvenido seas kilómetro 49!












agosto 04, 2015

Acurrucadita


Acurrucadita en una esquina de su universo,
con la espalda doblada y la mirada en el suelo.
Recogía con delicada ternura pedacitos de su alma,
fragmentos rotos de versos imperfectos,
vestigios del tiempo, cicatrices de amor.



© 2015. Mayela Bou

julio 25, 2015

Ellas.

Un día de estos me levanté antes de que el sol saliera, temprano, muy temprano, para ir a un laboratorio clínico a que me hicieran unos exámenes de triglicéridos y colesterol, y todos esos exámenes de rutina que el médico recomienda antes de una cirugía.
Llegué al laboratorio, estacioné mi coche y al llegar a la puerta del lugar, estaban cuatro mujeres sentadas en el murito del jardín. Saludé e intenté abrir la puerta del laboratorio.
Ellas dijeron en coro: _Está cerrado.
Vi mi reloj y aún no eran las 6:00 am por lo que me quedé con ellas haciendo la espera.
Todas teníamos un botecito con orina en nuestras manos. Eran mujeres jóvenes entre los 20 y 40 años, me miraban con cierta desconfianza, hasta que una de ellas, me preguntó:
_ Disculpe, usted trabaja aquí o viene a exámenes?
_ Vengo a exámenes._ Dije sin buscar entablar conversación.
Ella insistió en preguntar:
_ ¿Y este laboratorio es bueno? ¿Debe ser caro verdad?
Levanté la mirada de mi celular y me dispuse a conversar con ella, las otras tres aun seguían con semblante de desconfianza.
_Si, es un buen laboratorio, y los precios no son tan altos como otros.
Acomodando la espalda en un pedacito de pared y dispuesta a contarme su hazaña, la mujer de unos 35 años, de vestimenta sencilla, cabello rubio pintando, cejas dibujadas a lápiz, sus ojos resaltados con un contorno ancho y negro, labios brillantes y tez morena, me dijo:
_ Es que fíjese que a nostras nos han mandado de Flor de Piedra, sabe usted lo qué es eso?
Le dije, _Si, si sé lo que es._
Ante mi respuesta las otras tres clavaron su mirada en mí.
_ Pues es que hay una señora de billetes que nos ha pagado los exámenes de SIDA y todas esas enfermedades a las que estamos expuestas, porque dice ella, que nos va a sacar de esta vida que llevamos en la calle Celis antes de que nos vayan a matar. Y qué ya con los exámenes nos van a dar trabajo en una panadería de la que ella es dueña._
Dirigí la mirada a las otras 3 mujeres y les dije:
_Solo asegúrense de qué sea cierto lo del trabajo y espero que todos sus exámenes salgan bien para que puedan emprender un nuevo camino, en verdad me alegra. Flor de piedra está haciendo una gran labor con ustedes._
Las otras tres bajaron la guardia y me sonrieron.
El reloj marcó las 6:00 am abrieron el laboratorio, al entrar le dije a la recepcionista:
_Las señoras vinieron antes que yo, atiéndalas a ellas primero.
Las cuatro me miraron fijamente, llamarlas señoras, las dejó con asombro, sus ojos tenían un destello de esperanza, yo sentía que el corazón me latía fuerte y mis esperanzas se unieron a las de ellas, éramos 5 mujeres pidiendo al universo cambiara el rumbo de sus vidas. No vi cuando se fueron, pero me despedí antes de entrar al cubículo, les desee suerte y les dije: “empodérense que todo va a cambiar”.
Cuando fue mi turno para que me sacaran sangre, ya se me había olvidado el miedo que me dan las agujas.
He pasado días y noches pensando en ellas, en su futuro, deseando con todo mi corazón que su salud les permita comenzar de nuevo, he llorado imaginando que pudieran estar enfermas, y qué ahora que la vida les da una oportunidad no puedan tenerla. Quiero quedarme con el final feliz de la historia, quiero pensar que un día me he de llevar un pedazo de pan a la boca elaborado por sus manos llenas de historias, mientras tanto les honro con lo único que tengo para darles.



Ellas.
Ellas, las mujeres de la calle Celis, las de mirada rota, ojos tristes y piel quemada.
Mujeres de conciencia dormitada, de sueños fragmentados y sonrisas congeladas.
Ellas, las que la iglesia lapida, la humanidad condena, la familia rechaza, y la vida les da la espalda.
Mujeres de doble existencia, tristezas y alegrías, realidades y fantasías, semblantes muertos en vida.
Ellas, las mal llamadas prostitutas de la calle Celis, las mujerzuelas de San Salvador, las que tienen su valía guardada en las bolsas del pantalón de los clientes que asechan sus cuerpos. Ellas que no soñaron esa vida, que no nacieron marcadas, ellas, ahora atrapadas en la inmundicia de la humanidad.
Algunas llevan los años a cuestas, enredados con historias que navegan en las lagrimas que salen de sus ojos ante la pregunta de un ¿por qué?, otras llevan la frágil niñez escondida en los únicos pedacitos de juventud que les ha quedado, y muchas aun brillan con el maravilloso destello de la infancia, esa magia que pasa por ellas hambrienta y vertiginosa.
Ellas, las reinas de la noche, las del contoneo libre de caderas, mirada seductora y tristeza en el alma, las que dicen cualquier vulgaridad sin ser sancionadas, las que ríen a carcajadas y lloran en el silencio de las frías madrugadas. Ellas que escriben nombres sobre los colchones de sus camas, las que deambulan al filo de la esperanza, y cuentan las horas con el sonar de las monedas del mal llamado mercado de amor.
Ellas, las de la vida fácil, las impuras, como les llaman las beatas y bienaventuradas, mujeres de la vida alegre, qué de alegría no llevan nada, esas mujeres que todos creen vanas y desalmadas, a las que el amor y el destino les hicieran una mala jugada. Ellas, a las que nuca les procuraran el calificativo de “señoras”, las indomables más débiles de la sociedad, las habitantes del inframundo de los placeres, las que pierden la mirada en los techos de sus covachas, rogando que el tiempo se marche borrando esas huellas. Ellas que huelen a lamento, que visten desolaciones y comen desprecios.
Ellas, a quienes después de una noche de trabajo solo las abriga el viento, por compañeras la luna y las estrellas, caminantes de las calles desoladas, ellas que bajo las piedras esconden su infortunio en espera de una dulce primavera.
Ellas, mujeres como vos, como yo, como todas. Propietarias de sus vidas y sus entrañas, merecedoras de respeto, mujeres valientes que caminan junto a la muerte, dueñas de sus secretos.
Ellas, las señoras de la calle Celis, para mí, las emperatrices de San Salvador.
Ellas, mujeres, compañeras, las musas en esta noche de versos y poesía.
© 2015. Mayela Bou