septiembre 29, 2020

CARTA

 

Vientos del norte,

Sonidos del mar,

Traen noticias,

Traen sus letras,

Su amor... su verdad.

Los días de otoño

me acarician la infancia,

los recuerdos y su nombre

revoloteando en mi cuerpo

cual eterna y personal

primavera.

Hoy se me escapa el amor

en una lágrima azul

entre las notas de un 

Nocturnes, OP.37 No. 1

de Frédéric Chopin.

Esta noche bailaré

en mi habitación

como su rosa solitaria.


©2020.Mayela Bou


septiembre 15, 2020

KILÓMETRO 54


 


!Kilómetro 54!

 

El año de la cuarentena, del aislamiento, un año sin abrazos, sin cercanía, de incertidumbres, miedos y de muchas reflexiones, el año en el que la tierra nos pidió a gritos calmar el ritmo, sacar la mirada de los celulares y ver al horizonte, el año del covid 19, un año de grandes aprendizajes en mi vida, ratitos con los sentidos en crisis, el cuerpo lleno de dolor y lágrimas, distancias punzantes, preguntas sin repuestas y caminos cerrados a pecina y piedras. Pero aprendizaje.

Así llega mi  kilómetro 54, y no deja de sorprenderme como la vida te toma de la mano y te lleva adonde nunca imaginaste, adonde te encuentras con la metamorfosis cara a cara, te pone contra la pared y te obliga a cambios que no hacen más que hacerte crecer como persona, enseñarte a vivir en plenitud. Morir de muchas maneras y volver a comenzar de una forma más real, más auténtica, más ligera. ¡Vivir!

Las experiencias y el tiempo también te llevan de la mano, cual maestra indica el camino correcto, te enseña a escoger los fuegos que no te quemaran, pero también te enseña a quemarte para volver a renacer. Siempre se puede volver a empezar, siempre podemos cultivarnos en todo aquello que nos parecía inalcanzable, tocar el cielo en la sencillez de una semilla a punto de plantar, pintarlo en una pincelada de amor sobre el lienzo de la vida, saborearlo en un panecillo caliente recién salido del horno, descubrir que tú eres el cielo, nunca negarte tu brillo y enfrentarte a tus miedos, abrazar los finales y darle la bienvenida a los comienzos, volar en tu mismo cielo, porque no necesitas más.

 

 

¿Campos de batalla? Siempre habrá, pero ahora puedo sembrar flores y vegetales en ellos.

¿Demonios?  Vendrán a bailar, y yo les aplaudiré sus danzas, pero no bailare con ellos.

¿Puertas abiertas o cerradas? Seguirán siendo muchas, quizás pinte en ellas algún paisaje fresco, con mis azules amados.

¿Caminos o laberintos? Los que vengan por transitar, a veces sola y otras acompañada, recogiendo florecillas o piedras, las primeras adornaran mi cabeza y las segundas dejaran un rastro para no olvidar que hay tramos por los que nunca se debe volver a pasar.

¿Distancia? Solo si el corazón lo permite.

¿Dolor? El que sea necesario, ese que me formó, que me parió una y mil veces y que hoy he aprendido hacer alquimia con él en la orilla de mi cama.

¿Heridas? Las que han dejado todos aquellos que me ocuparon de depósito de sus amarguras, de sus errores, sus fracasos y frustraciones, pero que cerré con amor propio y nunca podrán volver a causarme daño. Ya están lejos de mi vida.

¿Oráculos? Mis atardeceres, la lluvia, mis sueños y las estrellas.

¿Cicatrices? Mi historia y lo que falta por escribir.

¿Huellas? Las que veo cuando miro hacia atrás y las que vienen a mi encuentro.

¿Dulzura? La de mis hijos cuando me abrazan, cuando sonríen, cuando me dicen, te amo.

¿Magia? El tiempo con mis verdaderos amigos.

¿Amor? La familia que cuido y protegeré sobre todas las cosas.

¿Milagros? Cada mañana cuando abra mis ojos.

¿Vida? La que hoy celebro junto a ustedes que leen estas letras de gratitud.

¡Feliz cumpleaños para mí!


Desde las maravillosas y mágicas tierras de California

¡Bienvenido sea mi kilómetro 54!

 

 



 

 



febrero 14, 2020

14 de febrero


Ya no concibo el amor
con flores y corazones,
ni regalos el 14 de febrero,
ahora es un dulce abrazo
mientras cocino los pancakes
del desayuno,
reírnos de los días en los que
los céntimos se nos escondían,
recordar las noches vigilando
las enfermedades de los hijos,
ver lejanos los días
de palabras amargas,
odios sin destino,
 ahora saberte mi amigo.
Ya no entiendo el amor
como un rito establecido,
ahora solo sé que estamos aquí,
que en mis noches colmas mi copa de vino
mientras platicamos sobre los
devenires del día vivido.

©2020. Mayela Bou.

noviembre 21, 2019

SUPERA


Deja ir a la gente que no está lista.
No es una actitud de soberbia ni de orgullo, sino de congruencia: seguirás amándolos pero con otra perspectiva, desde otro nivel de comprensión, entendimiento y consciencia.
Es tal vez la cosa más difícil que tendrás que hacer en tu vida, y también será con certeza una de las más importantes: dejar de estar vinculado con aquellos que no están listos para ti.

Deja de tener conversaciones difíciles con gente que no quiere cambiar.
Deja de estar para la gente que es indiferente a tu presencia.
Deja de dar tu amor y energía a la gente que no está lista para amarte.

Tu instinto es hacer todo lo que puedas para ganarte las buenas gracias de todos los que puedas, pero también es el impulso que te robará tu tiempo, tu energía y tu cordura. Apártate de las personas que no están preparadas para tenerte en sus vidas.
Si eres excluido, insultado sutilmente, olvidado o fácilmente ignorado por las personas con las que pasas la mayor parte del tiempo, no te estás haciendo un favor al continuar ofreciéndoles tu energía y tu vida. La verdad es que no eres para todos, y no todos son para ti. Eso es lo que lo hace tan especial: cuando encuentres a las pocas personas con las que logres realmente una amistad, un amor, una relación genuina... sabrás lo precioso que esto es porque habrás experimentado ya lo que no es.
Pero mientras más tiempo pasas tratando de forzar a alguien a amarte o simplemente valorarte cuando no está listo, cuando no es su tiempo, cuando no es capaz... más tiempo te estarás privando a ti mismo de lograr esa especial conexión con quien sí está listo, sí está en su tiempo y sí es capaz. Te está esperando. Hay miles de millones de personas en este planeta, y muchas de ellas se van a encontrar contigo a tu nivel, con la vibración en la que estás.
Tal vez si dejas de aparecer, serás menos querido.
Tal vez te olviden por completo.
Tal vez si dejas de intentarlo, la relación cesará.
Tal vez si dejas de llamar y enviar mensajes, tu teléfono permanecerá en silencio durante días y semanas.
Tal vez si dejas de 'amar' a alguien, la relación entre ustedes se disolverá.
Eso no significa que hayas arruinado una relación. Significa que lo único que sostenía esa relación era la energía que tú y sólo tú ponías en ella. Eso no es amor genuino. Eso es apego burdo.

La cosa más preciada e importante que tienes en tu vida es tu energía. Lo que tú das a cada día es lo que creará más y más en tu vida. A lo que le das tu tiempo, es lo que definirá tu existencia.
Cuando te des cuenta de esto, empezarás a entender por qué estás tan ansioso cuando pasas tu tiempo con gente que no te aporta, y en trabajos, lugares o ciudades que no te convienen.

Haz de tu vida un refugio seguro en el que sólo permitas a las personas que lo valgan y para las cuales valgas.
Tú no eres responsable de salvar a la gente.
Tú no eres responsable de convencerlos de que quieren ser salvados.
Decide que mereces una amistad real, un compromiso verdadero y un amor completo con las personas que realmente lo valen, para las que realmente vales.

Así que no te asustes, permite el silencio... Y mira lo rápido que todo comienza a cambiar.
SUPERA.

Tomado de la página El Mundo del yoga.


octubre 18, 2019

COSECHA


Las mujeres de la casa
desenvainan el frijol
que ha nacido al pie de los elotes
que se convertirán en atol.
Los animales acompañan
con una gran devoción
y celebran a la tierra
que nos ha dado
sus frutos de amor.
El labriego que es el dueño
de las tardes con color,
vendrá ya caminando
pensando en las delicias
que se guisan en su fogón.
Agradecidos todos con la tierra,
las cosechas, el agua y el sol,
se disfruta en esta casa
una rica sopita de frijol. 




©2019. Mayela Bou.

septiembre 15, 2019

KM 53


KM 53

Entre todos los caminos preciosos que la poesía me ha dado, el poder transformar el dolor en letras ha sido mi mayor regalo. Hoy despido mi kilómetro 52 con el enorme vacío que deja la partida de una amiga, he aprendido que lo único seguro en esta vida es la muerte.
Me despido de un año que aún con sus dolores y tristezas me ha regalado momentos maravillosos, la compañía amorosa de mi familia, el abrazo sincero de mis amigos a quienes cuido como el mejor de mis tesoros, en mi lista personal de deseos tengo pueblos y ciudades nuevas que este año conquisté, y vibra en mí, el enorme deseo de seguir caminando al borde de mi mundo, conquistado mochila al hombro aquellas tierras lejanas por las que quizás alguna vez ya pasé. Me despido agradecida de un kilómetro más, y recibo mi nuevo año con paz y tranquilidad, descansando y con la seguridad de saber que de tanto perder aprendí a ganar. 

El valor y la fuerza de los 53
Años vibrantes,
sin importar
donde se deja
descansar el corazón,
la vida suspendida
en hilos de luz
tejiendo amores
que abriguen el alma.
Septiembre siempre llega
con la certeza del amor,
y por agreste que este sea,
llega a tiempo con la lluvia
para reunir fragmentos
y devolverme
el valor y la fuerza
para celebrar la vida.

©2019. Mayela Bou.




septiembre 01, 2019

Patricia Méndez Abularach



Nuestra última copa de vino fue aquella tarde del 16 de agosto, adelantando nuestros cumpleaños brindamos por la vida, "Feliz cumpleaños bicha" _me dijiste. Nuestros corazones sabían que ese brindis anunciaba la despedida. Era invierno y en el jardín reverdecido de tu casa esa tarde nos llovieron los recuerdo de la infancia, nos reímos, ambas cruzábamos nuestras miradas sabiendo que era la última vez que nos veríamos, cada minuto era un tesoro. Sin embargo, en aquel abrazo tan profundo y nuestro, ya en la puerta para despedirnos, hicimos cita para una próxima vez, yo iría a España a verte, o tú volverías a San Salvador a nuestra cita.
Ahora no sé adónde será, pero tú y yo nos volveremos a reencontrar, para reírnos de aquel primer encuentro en las filas del colegio, de la Coca Cola que compartimos juntando nuestros centavitos, de los Chévere con una uva tropical en el Hula Hula y de las carreras huyendo de la madre Changüita.
Buen viaje Paty querida, que tus padres te reciban con amor infinito y Dios te lleve a su eterna morada.
Te quiero bicha!

Y así fue como nos despedimos.