agosto 29, 2012

Carta abierta de Eve Ensler a Todd Akin




 
Eve Ensler (Scarsdale, Nueva York, 25 de mayo de 1953) es una dramaturga, feminista y activista social norteamericana conocida internacionalmente por su obra teatral Los monólogos de la vagina.



Estimado Todd Akin:
Me dirijo a usted esta noche para tratar el tema de la violación. Son las dos de la mañana aquí, en la República Democrática del Congo, y no consigo conciliar el sueño. Me encuentro en Bukavu, en la Ciudad de la Alegría, para atender, apoyar y trabajar con los cientos, los miles de mujeres que han sido violadas, sometidas y torturadas por una guerra sin cuartel en pos de minerales, una guerra que ha hecho de sus cuerpos el campo de batalla.

Estoy en el Congo, pero podría escribir esta carta desde cualquier rincón de Estados Unidos, Sudáfrica, Gran Bretaña, Egipto, la India, Filipinas o cualquier campus universitario estadounidense. Podría escribirle desde cualquier ciudad, pueblo o aldea de nuestro planeta, donde en total más de 500 millones de mujeres son víctimas de violación en algún momento de su vida.

Señor Akin, sus palabras me quitan el sueño.

Como sobreviviente de una violación, repaso una y otra vez en mi cabeza sus recientes declaraciones, aquellas en las que afirma haberse confundido al decir que las mujeres no se embarazan como resultado de una violación legítima y que esas declaraciones fueron pronunciadas “sin pensar”.

Aclaración: lo que hizo no fue despacharse a la ligera una especie de comentario desenfadado, sino una declaración por demás concreta e ignorante que evidencia su falta de conciencia respecto de lo que significa haber sufrido una violación. Tampoco fue una declaración casual, sino una afirmación que pretende legislar la experiencia de las mujeres violadas. Acaso lo que revelan sus palabras sea aún más terrorífico: nos obsequian una ventana a la psique del GOP [Partido Republicano, N. de la T.].

Usted empleó la expresión “violación legítima”, implicando así la existencia de “violaciones ilegítimas”. Permítame explicarle el impacto que eso tiene en las mentes, los corazones y las almas de los millones de mujeres en este mundo que han sido víctimas de violación. El supuesto que subyace a sus dichos es que no es posible tomar en serio a las mujeres ni las experiencias que padecen, que la manera en que entienden la violación ha de ser ponderada por alguna especie de autoridad superior que conoce mejor el tema. Este supuesto deslegitimiza, minimiza y trivializa el horror, la invasión y la profanación que viven las víctimas, y las hace sentirse tan solas e impotentes como en el momento de ser violadas.

Cuando usted, Paul Ryan y 225 de sus compinches juegan con las palabras para referirse a la violación y dan a entender que solo la violación “forzada” amerita tomarse en serio, como si hubiera violaciones no forzadas, a las víctimas nos sobrecoge un torrente de recuerdos sobre la manera en que nuestros violadores jugaron con nuestra persona durante el ataque: cómo nos intimidaban, nos amenazaban, nos amordazaban. Ustedes juegan con palabras como “forzada” y “legítima”, y al hacerlo juegan con nuestras almas hechas añicos por los penes indeseados que hurgaron en nuestros cuerpos y desgarraron nuestra carne, nuestras vaginas, nuestra conciencia, nuestra confianza, nuestro amor propio, nuestros futuros.

Ahora pretende convencernos de que se confundió al decir que nadie se puede embarazar tras una violación “legítima”. ¿De veras cree que el semen eyaculado en una violación es distinto del semen eyaculado en una relación de amor? ¿Cree que durante la violación ocurre alguna especie de misterio religioso y el esperma se autodestruye gracias a la malignidad de la que es vehículo? ¿O lo que quería implicar es que las mujeres y sus cuerpos tienen de alguna forma la responsabilidad de rechazar el semen eyaculado en una violación legítima, estigmatizando nuevamente a las víctimas? Es como si hubiera dicho que embarazarse como consecuencia de una violación sería indicio de que no se trató de una violación “legítima”.

He aquí lo que le pido: cierre los ojos e imagínese en su cama o contra una pared o encerrado en un espacio reducido y sofocante. Imagínese atado y visualice a un perfecto desconocido o un amigo o familiar desquiciado, agresivo e indiferente a lo que usted siente mientras le arranca la ropa y penetra en su cuerpo, invade la parte más íntima, personal y sagrada de su cuerpo, empuja violentamente y con odio, desgarrando su interior. Ahora imagine a ese extraño eyaculando dentro de su cuerpo, llenándolo de semen. Imagine que no puede sacar el esperma de ahí y algo empieza a crecer en su interior. Imagine no tener la menor idea de cómo será esa nueva vida, concebida espiritualmente en el odio, ignorante de los antecedentes mentales y de salud de su violador.

Ahora imagine a una persona jamás violada, una persona que viene a decirle que no hay opción, que solo queda conservar el producto de esa violación en su cuerpo, dejarlo crecer en contra de su voluntad y ver cómo, al nacer, su rostro es el del violador, el rostro de la persona que básicamente destruyó su ser, un rostro que ahora tendrá que contemplar todos los días de su vida y, además, deberá amar si no quiere sufrir el repudio social.
No sé si puede imaginarlo (aunque, de hecho, ser líder demanda ser capaz de sentir compasión), pero si está dispuesto a bajar a esas sombrías profundidades no tardará en comprender que NADIE PUEDE DECIDIR la continuación o la interrupción de ese embarazo, nadie con excepción de la persona que lo lleva en su vientre.

He pasado mucho tiempo con madres de bebés que son producto de una violación. He visto la tortura que les representa lidiar con el odio y la rabia al tiempo que hacen todo por no proyectar esas emociones en sus pequeños.

Les exijo, a usted y al GOP, que no se metan con mi cuerpo, mi vagina o mi útero. ¡Fuera de nuestros cuerpos! No son quién para decidir, no se arroguen el derecho de definir conceptos.
¿Por qué no dedican su tiempo a poner fin a las violaciones en lugar de redefinirlas? Dediquen su energía a perseguir a los violadores que con tanta facilidad destruyen a las mujeres y no a analizar una sintaxis manipuladora que minimiza dicha destrucción.

Por cierto, acaban de dar a millones de mujeres una muy buena razón para asegurarse de que su partido nunca vuelva a ser electo, además de una excelente razón para hacerse oír.

Eve Ensler, Bukavu, Congo

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