noviembre 12, 2011

"Mi ángel, mi todo, mi yo...

A mamá, que un día de estos me pregunto qué lugar ocupa en mi vida, para usted que está en mi ADN, en mis hijos, en los latidos de mi corazón, en mi esencia.
San Simeon Beach Ca.

Una noche de estas pensaba en lo maravillosas que fueron mis vacaciones recién pasadas, y una de las cosas que más extraño de ellas fueron esas horas  en las que Mayelita compartió con su  madre.



Tengo 20 años de haberme estrenado como mamá, y en el afán de educar a tres chicos olvide que yo también soy hija, pero la vida me tenía una sorpresa estas vacaciones.

Mochila al hombro e iniciando mi nuevo kilómetro de vida, llegué a California, tierra de múltiples colores que siempre me han enamorado, paraíso terrestre que me seduce con sus atardeceres, sus playas y montañas, pedacito del mundo adonde residen mis seres amados.



Cuando nació mi primero hijo, también nació una nueva manera de querer a mi madre, para ese instante yo estaba experimentando el más grande de los amores, mi vida se extendía y entonces comprendí, qué soy la extensión de la vida de mi madre.

He pasado 20 años siendo:  Mo, Gugi, Mamux, Mamuxta, Coco, Ma, Mami (sobrenombres con los que mis hijos me llaman) de dos chicos y una chica, he sido consentidora a más no poder, pero también he dibujado con ternura los límites de la vida, les he mostrado cuan duros pueden ser los días y le he enseñado que todo es aprendizaje, que no hay nada que ellos no puedan alcanzar, los he abrazado, les he dicho infinidad de veces cuanto les amo, he llorado y reído con ellos, he celebrado sus triunfos y en silencio he llorado sus fracasos. Veo a mis hijos y sé que aunque muera mi esencia seguirá viva. Pero en ese afán de darle a la humanidad buenos muchachos olvide que yo también soy hija, soy la continuación de mi madre, la esencia de su ser.



Llegue a California, sola, sin mis hijos, llegue a los brazos de mi madre y mis hermanos, Mayelita se insolentaba desde que volábamos en el avión,  ella sabía mejor que yo, qué estas eran sus vacaciones, lo podía saborear desde que nos despedimos de Pablo, Rodrigo y Fátima, les vio con ojos de ternura, sonrío para ellos, levanto su mano, susurro un “los amo” y como arte de magia un peso de los hombros había desaparecido.



California estaba despidiendo su verano boreal cuando llegamos con Mayelita, y aunque los días ya no eran tan largos, nos dispusimos a vivirlos sin tiempo ni medida, 5 semanas sin reloj ni calendario, las tardes de otoño nos dieron sus colores terracota con una alfombra de recuerdos guardados en el limbo de las hojas, páginas que ahora cuentan las historias del verano, tuvimos  atardeceres silenciosos de bronce y oro adonde nuestra sombra danzaba junto al alma para enamorarlos y no dejarlos ir.



Con el alma ligera, y con una chiquilla alborotada dentro de mi piel,  una noche entré al cuarto de mi madre, debo dedicar un pedacito de mis letras a decirles qué, ese cuarto es maravilloso, todo está en su lugar, mágicamente se encuentran desde un alfiler, botones, tijeras, crema para la piel, herramientas, navidades atrapadas en una bola de cristal, los cuadros de Vangogh y Monet,  hasta un Ipad, pasando por huevos Faberge, música clásica, películas, libros, galletitas y dulces en las gavetas de noche por si nos da hambre en la madrugada, en las paredes la historia de mi madre, fotografías de su juventud, de sus viajes, de sus años de guerrera de la vida, de sus 4 hijos y una estela de nietos y bisnietos que le inmortalizaran la vida.



Entré al cuarto y mi madre me invitó a ver una película con ella, “Perfume de Mujer” 1974, con Vittorio Gassman una comedia genial, llena de lecciones imposibles de olvidar.

Teníamos años de no reír con mamá de esa manera, desde la tarde aquella en la que vimos la película de “La Dama y el Zorro” y de la cual todavía nos partimos de la risa recordando, 25 años atrás y nuestros buenos recuerdos nunca nos abandonan.



Perfume de mujer, fue la que marcó nuestras noches y madrugadas de películas, Mayelita para la segunda noche ya estaba instalada en la camita de su mami, apenas y cabíamos, y fue precisamente la pequeñez de la cama la que hizo descubrir qué por muchos años olvidé ser hija, por estar siendo madre, de pronto me sentí pegadita a los brazos de mamá, Mayela descansaba con una paz que no puedo describir, mientras Mayelita se aferraba a los brazos de esa mujer que le trajo al mundo, podía sentir la grandeza de su alma, la fuerza de su carácter, la ternura retenida y qué en ese momento dispusimos a entregarnos, acariciaba su piel como quien tiene una frágil historia de 85 años sobre su mano, la vida me estaba sorprendiendo, me daba un regalo inesperado, la vida me demostró lo afortunada que soy al tener a mi madre.



Me costó mucho retener mis lágrimas de alegría, el Sr. Ludwig van Beethoven en su película “La Amada Inmortal” fue testigo de mis emociones, los espíritus de Mayelita y de mamá danzaron sobres sus cuerpos, ambas embriagadas con la novena sinfonía y al terminar… un suspiro se nos arrancó del alma, por mi pensamiento pasaron las palabras de Beethoven escritas en una carta a su amada inmortal, esa noche Mayela las repitió en silencio para su madre:



"Mi ángel, mi todo, mi yo...





La sensación de volver a ser hija, me dejo el alma cristalina, llena de la dulzura que solo nace entre las madres y las hijas, bendita complicidad femenina.

La madrugada que volaba desde California hacia San Salvador, con mi corazón partido, con la tristeza y la alegría jugando con mi cuerpo, Mayelita se preguntaba por qué las hijas cuando crecemos y nos convertimos en madres, dejamos a un lado la camaradería, las noches de pijamas con nuestra mamá, le decimos tantas veces un te amo a nuestros hijos que olvidamos dárselo a nuestra madre, la relación se hace más formal, ahora ambas conocemos el don de la maternidad, nos volvemos compañeras de lucha, y dejamos atrás, en el olvido que hay una mujer que nos ama, nos consiente, y que jamás nos dejara de ver como sus bebes.



En San Salvador mis tres hijos me esperaban, los abracé con amor profundo y con una tierna sonrisa Mayelita también les abrazó.



Atardecer en las playas de California.(fotografías de Luis  Lainez)

Un verde maravilloso en Yosemite National Park Ca.






6 comentarios:

  1. No imaginas como te envidio...y como me alegro de que Mayelita se haya reencontrado con su mamá

    ResponderEliminar
  2. tu no olvidas a tu madre, eres ella, educas y crías tus hijos como ella, luchas y eres fiel al amor como ella, y tu madre lo sabe, por que se ve en ti...
    te abrazo amiga linda

    ResponderEliminar
  3. Tanto amor me conmueve. Beso.

    ResponderEliminar
  4. Me encanta tu blog, esta espectacular...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Que sorpresa encontrate en este cafecito mi Lali. Bienvenida!
      Gracias, este es un espacio para ti y para mi, para nuestro encuentro.
      Besos.

      Eliminar
  5. Tomar café y charlar un rato era mi propósito pero al llegar he visto que ya no estas querida amiga.mucho besitos y que te valla muy bien todo.

    ResponderEliminar