mayo 20, 2015

Dolor

Ese dolor que se aloja
entre el alma y el cuerpo,
agujas agudas y sutiles del tiempo.
Ese que no grita, 
que me asfixia la garganta,
dolor que no encuentra letras 
para convertirse en lamento.

Mayela Bou
Copyright©2015

mayo 08, 2015

Peregrina


No sé si lo que veo lejanamente es tu sombra, se escucha llegar  un suave rumor. O quizás simplemente es el caer de las hojas, pedacitos sutiles y agudos, de un destino que ya no distingo con éste corazón ciego y ensordecido. Por ventura pasaras a mi lado, pero nada en mí te alcanzará a reconocer. Que la vida bendiga tu camino, como el olvido ha bendecido mi ser.


© 2015. Mayela Bou

abril 29, 2015

Voy a soñar.

Voy a soñar.
Esta noche echare mi barquita a la mar, navegare apaciblemente bajo la luna de abril, deseando qué el día me sorprenda anclada en tu puerto, y así recorrer tus senderos, reposar en tus valles, bordear tus afluentes, existir en tu tiempo, establecerme en tu cuerpo. 
Voy a soñar.

© 2015. Mayela Bou

abril 27, 2015

Recuerdos



Hoy amanecí con esa historia palpitante  en mis recuerdos,
esa que guardo en los pliegues del alma,
en los escondites del cuerpo.
Hoy amanecí con tu nombre persiguiendo mis labios,
con tus hermosísimos ojos negros, indicándome el camino,
con tu cálida mano acariciando mis melancolías.
Hoy amanecí anhelante de ti,  
con el olor de tu cuerpo  cortando mis sentidos,
con la ternura perdida en un mar profundo,
sin rumbo,  sin puerto de retorno.
Hoy amanecí con esta historia imperfecta,
inconclusa, fragmentada, pero maravillosa.
Delicada historia, nuestra historia de amor.
© 2015. Mayela Bou

abril 19, 2015

Una vez quise ser hombre.


Una vez quise ser hombre
para casarme con mi hermana
que ya lleva tres divorcios.
Para amar a mis amigas
que en cada relación mueren un poco.
Quise ser hombre
para fecundar sus vientres,
no de hijos, sino de poesía,
vino tinto, relojes parados,
unicornios azules.
Para decirle a Josefina
cuanto admiro su forma de entregarse.
Para escribirle a Rosi
esas cartas que no llegan nunca.
Llamar por teléfono a Pilar
que espera tantas tardes.
Llenar de caricias prolongadas
el espacio de Beatriz,
que vive sola
y le tiene miedo a los temblores.
Quise ser hombre,
para amarlas a todas y no sentir más
el frío de sus lágrimas en mi playera,
ni mirarlas apagarse,
ni presenciar sus funerales
en sus ataúdes de treinta años.
Quise ser hombre
para invitarlas a volar el periférico,
a bailar descalzas porque el América
le ganó al Guadalajara,
para llevarlas del brazo hasta una cama
donde no tengan que fingir orgasmos.
Pero soy mujer y, aunque puedo
compartir con ellas la poesía,
escribirles cartas,
llamarlas por teléfono,
llenarlas de caricias prolongadas,
volar el periférico,
bailar descalzas,
secar su llanto,
tocar su alma…
No es suficiente.
No les alcanza.
Porque, desde niñas, aprendieron
que los hombres son un premio al que hay que amar,
sin importar si ellos las aman.

Rosa María Roffiel
(México, 1945)