febrero 20, 2015

“TENGO”

“TENGO”
Tengo besos que dejé
a los pies de tu cama,
por si en la noche te despiertas
no los eches en falta.
Tengo palabras de amor
que olvidé en tus oídos,
por si alguna vez te sientes sola
tú las repitas conmigo.
"Tengo tanto.........tanto,
pero quizás no tenga nada
sino te tengo a mi lado".
Tengo vidas guardadas
por si nuestro amor se acaba,
porque sino tengo tu amor
mi vida no vale nada.
Tengo caricias que solté
a los brazos del viento,
para cuando el aire te roce
sean mis manos las que te toquen.
"Tengo tanto.........tanto,
pero quizás no tenga nada
sino te tengo a mi lado".
Tengo nuestros sueños
enterrados en el fondo del mar,
para que la ola del olvido
no los pueda arrastrar.
Tengo lágrimas que dejé
en mitad de la tormenta,
por si algún día decides irte
sean mis lágrimas las que lluevan.
"Tengo tanto.........tanto,
pero quizás no tenga nada
sino te tengo a mi lado".
Sergio de Sa --

febrero 05, 2015

Alejandra Pizarnik



¿La poesía me ayuda? No. Ni escribirla ni leerla. 

¿La abandonaré? No. La poesía produce una soledad tan bella... 





enero 25, 2015

ANOCHE SOÑÉ CONTIGO



Anoche soñé contigo, 

fuimos tan felices en ese instante de inconsciencia mutua, ignoro adonde quiera que tú estés, sin embargo, sé llegar con esta sed de amar, sed que solo en tus sueños puedo calmar. Sé que soñaste conmigo. Fuiste tan feliz que aun lo siento en mi despertar. Reviso ese mapa incomprensible, trayectos sin puntos cardinales, aun así, no dejo de buscarte cada día, cada instante, cada sueño. 
Cuándo vas a llegar, ya necesito hablarte bajito al oído, tocarnos el alma en una mirada, acariciarnos la piel, reírnos hasta el amanecer, soltar esta soledad que nos amarra a un destino que no queremos más. Sueños, horas lanzadas al azar, allí donde anoche nos amamos, sin dejar desperdicio, para volver a esperarnos hasta que la magia del inconsciente nos vuelva a dar un minuto para amarnos, entregarnos sin reserva, y sentir esa sonrisa de placer, que llega con los primeros destellos de nuestro amanecer. 

Anoche, anoche soñé contigo… 

© 2015. Mayela Bou

enero 13, 2015

Síndrome del Anidamiento



Cuando las mujeres pasamos por un embarazo, en la 37 semana de gestación más o menos, biológicamente se produce la hormona de la oxitocina, que es responsable de las conductas maternales y de preparar el cuerpo para el parto.  Esto es lo que todas las mujeres, comunes, normales y corrientes, y  que no somos medicas, conocemos como “Síndrome de Anidamiento.”
Y bajo este síndrome todas las especies construimos con especial amor un nidito para esperar a nuestras crías. Entre los efectos, está esa desesperación por tener la casa impecable, en perfecto orden. Y sobre Ttodo que no vaya a faltar nada que el bebe pueda necesitar.
Cuando tuve mi primer embarazo hace 23 años, pase por esa etapa pero la desconocía, solo recuerdo la obsesión porque todo estuviera en su lugar para la llegada de Pablo. Con el segundo embarazo que fue hace 20 años, ya conocía  el síndrome, y pude observarme hasta guardando cosas en bolsas herméticas, como si algún diluvio se nos fuera a venir, había que estar preparada para todo, a Rodrigo no le podía recibir sin su respectivo nidito. Tengo presente a su hermano anidando junto a mí.
El ultimo de mis embarazos fue hace 15 años, para Fátima creo que anidé las 39 semanas, jajajajaja! No paraba de preparar cada detalle, y sus hermanos anidando conmigo, y como sin haberme hecho previamente un ultrasonido yo ya sabía que era una niña, eso era motivo de fiesta en nuestra casa,  sus hermanos estaban felices de saberse con hermanita nueva, cada día fue de preparar el nido. Recuerdo que los chicos junto a su papá, habían cultivado canastas de  jardín, era hermoso, con muchas flores de todos colores, para que la niña tuviera un lindo vergel.  No recuerdo haber puesto nada en bolsas herméticas, pero si tenerle lista su primera calzoneta para ir a la playa.
Así llegaron mis hijos, entre nido y nido, y por estos 23 años he tratado de abrigarlos con esa ala protectora de las madres, esa que nos viene de dimensiones desconocidas, así como ese ojo que tenemos en la espalda y ese oído flotante que todo lo escucha.
15 años ya de mi último embarazo, y sin imaginarlo vuelvo a tener el síndrome de anidamiento. Que conste, NO estoy embarazada.  De mis hijos la más chiquita es la que se ha ido más tiempo de vacaciones fuera del país, por lo tanto, esperarla después de tres meses lejos de casa, ha sido como preparar el nido para su regreso. Aquí estoy entre pintura para las paredes de su cuarto, ropa de cama, flores, detalles, empiñadas, el jardín,  peluches, velas, carteles, etc. Esperando a la niña de mis ojos, contado los días, sintiendo ese palpitar diferente en el corazón, ese que tiene el sonido de su nombre, escuchando instrucciones de sus hermanos de cómo hacer las cosas, según el gusto de ella. Aquí, contando minutos, con los ojos llenitos de luz, plasmando en letras esta fiesta de mi corazón, limpiando el nido, ese que construí hace 23 años y que disfruto cada día de mi vida, aun sabiendo que un día se quedara vacío.  Estos meses de su ausencia son el primer simulacro para ese día en el que abra sus alas y alce vuelo, y en el que sin duda le daré el más amoroso de los impulsos.


Mientras tanto habrá fiesta en este nido!!  

enero 11, 2015

¡Ay amor!



¡Ay amor!
¡Ay mujer! que me arrebatas la vida,
me matas lentamente con gotas
de amarga indiferencia.
Y aun así, yo te nombro todavía.
Clamo al cielo una hora más de vida
para vivir-la en tus profundos ojo negros,
de donde nunca saldré con  vida.
Clemencia! Mujer, dice esta letanía.
Morir en tu cuerpo es lo único
que al cielo yo le pediría.

(Máximo Noctem)

septiembre 15, 2014

KM 48 HONRAR LA VIDA!



Me detengo un año más a observar el trayecto que día a día he caminado, me envuelve un dulce  silencio azul, como el de los mares adormecidos. Un año de encuentros conmigo misma, de horas infinitas frente al espejo, curando heridas que ya no saben más ha pecado. Sonriendo con la niña que tanto me ha cuidado. Amor, reflejo. Honrar la vida, más que vivirla, un aprendizaje que cambió mi rumbo, mi destino, mis días por venir
Los años han traído en las manecillas del reloj virtudes nuevas, esas que al final nos damos cuenta que hemos pagado con las facturas de las experiencias. Los acontecimientos me han enseñado a obtener la madurez de cada kilómetro conquistado, liberar los peajes y continuar sin deudas del pasado.
En mi nueva travesía, esta que comienzo ahora, busco horizontes nuevos, quiero caminar a la orilla del mar, subir montañas y conquistar los cielos. Hacer realidad mis sueños. Bailar y cantar. Reír hasta llorar. Dar y recibir. Viajar y llegar. Amar y ser amada. Leer y escribir. Prometer y cumplir. Soñar y despertar.  Vivir cada instante honrando la vida.
Km 48, aquí estoy, armada de esperanzas, feliz.  Te recibo con amor, me lleno de ti, de cada uno de tus segundos, deseo vivirte en paz y armonía, con amigos y familia,  te acepto con todos los retos y desafíos que el futuro nos imponga, alzo mi copa y bendigo la vida que me tiene un año más celebrando en esta parte del mundo, tierra de bonanzas,  junto a mis seres amados.



FELIZ CUMPLEAÑOS PARA MI!






julio 21, 2014

PACTO








Su antiguo reloj marcaba las horas noctámbulas…


Era una larga y álgida noche de invierno. En sus tersas y blancas manos, ahora llenas de arrugas, sostenía el sobre abierto y la carta que había recibido el día anterior; le arropaba ese chal de colores vivos que compró hace muchos años, caminando de la mano junto a su amante, en un viejo mercado de Nueva Delhi, por unas cuantas rupias.

Su mirada dulce recorría la habitación; no había tenido en años, más mundo que ese pequeño espacio, donde la vida se le apagaba en dosis frágiles y pequeñas. Sobre una de sus mesas de noche, se alzaba una columna de humo aromático que salía de una taza con té de hojas de naranjo, su bebida favorita. A la par, en un marco antiguo, la fotografía de la mujer amada. Y en la otra mesa, junto a una lámpara, habían torres de sobres con cartas, amarradas con lazas de color azul que combinaban a la perfección con el marrón del papel añejo.

Sus grandes ojos color ámbar transitaban minuciosamente las delicadas flores de ese viejo papel tapiz, donde éstas se repetían, una y otra vez, con dulce asimetría, a lo largo y ancho de la pared. En cada tallo y al borde de las hojas de las florecillas había escrito y guardado celosamente, con pequeñas letras, las frases de amor que fueron llegando a lo largo de los años. Esa era su pasión.

No recordaba cuántos años habían pasado desde aquella obligada despedida; no tenía idea de cómo se le escurrió la vida, en ese lugar, en donde los días se reproducían como una fiel copia de los anteriores. Guardaba los años en el cajón de la tristeza, llorando por el amor secreto, y caminando con pisadas cortas y temblorosas en ese pequeño espacio, inmenso por su crueldad.

Tomó fuerzas de las dulces notas de un piano que le acompañaba desde el piso superior del viejo edificio en el que vivía junto a sus hermanas. Levantó su cansado cuerpo, se elevó al bailar con la fotografía primorosamente ceñida sobre su pecho, como  si ésta le escuchara el corazón. Sus latidos se aceleraban mientras bailaba. Por primera vez en muchos años, su pensamiento fue claro.  Supo que bajo la excusa de la demencia, le  redujeron su mundo, le  cortaron sus alas, le obligaron a embarcarse en un viaje largo y desolado. Su vida se transformó en letras, estampillas y papel. Al finalizar la última nota del piano, tomó su pluma, la tinta se derramó como si supiera que nunca más contaría historias. Su escritura delicada como un susurro buscó espacio entre las flores de la pared:



"Mi amada, mi dulce y fiel mujer.  Prepara el equipaje.  Pronto iremos donde  el amor es un bálsamo, libre, fuerte, sutil, eterno.



Esa fue su última frase de amor, con esas letras  firmaba una historia de amor prohibido. Para ella, esa noche, las letras se habían terminado.

Guardó su pluma en una cajita de ébano, al abrirla inhaló por última vez el aroma del sándalo, apartó los pétalos secos de alguna flor que un día le coloreó el alma. Esa noche fría se apagaban para siempre las antiguas farolas, fieles centinelas,  del número 48 de la calle Cristal, en una ciudad donde dos mujeres tienen prohibido amarse.

Se colocó sobre su cuello, la cadena de plata con el triskel con el que ellas habían sellado silenciosamente su promesa de amor. Al ponérsela, recordó aquel beso suave y tierno; el triskel estaba entre sus labios. Desató el rimero  de cartas, las esparció por su cama, por toda la habitación; se vistió de fiesta, quemó incienso, tal como aquella tarde de septiembre en la que por primera vez hicieron el amor. Abrió la ventana para buscar la luna, aunque solo sintió el frío del invierno sobre su cara; puso sobre la mesa dos copas de vino tinto, sonrió plácida, ligera. Alzó la copa y brindó por ellas,

Se sentó abrigada a esperar a su amante, la mujer por siempre amada, la musa de sus letras de amor. La muerte fue su cómplice; las recogió esa misma noche, a la misma hora, en diferentes ciudades. Sus almas viajaron juntas en lo profundo del silencio, el pacto hace años establecido se había cumplido. Desde ahora por siempre juntas, moldeadas en un abrazo eterno, en un amor finalmente triunfante.


El  antiguo reloj  de pared se detuvo al despuntar el alba… 



 © 2014. Mayela Bou